La piel de bebé a adolescente.

Los cuidados de la piel desde bebé a adolescente aunque comparten muchas semejanzas con los cuidados cosméticos generales, tienen una serie de diferencias condicionadas por las especiales características de la piel en este periodo de la vida.

El recién nacido tiene la piel mas inmadura y posteriormente la piel del niño se va pareciendo mas a  la piel del adulto pasando por los cambios propios de la pubertad donde, por el estímulo hormonal se inicia una clara diferenciación.

Los cuidados de la piel en los niños es una tarea diaria que los padres tienen que asumir al menos hasta que éste pueda valerse por sí mismo. En el recién nacido el test de Apgar ya le valora entre otras cosas la coloración de la piel y mucosas.

Hay que mantener la función barrera cuidando la termorregulación (pérdida excesiva de calor) con una temperatura ambiente adecuada, adaptando la ropa a las condiciones ambientales sin abrigar en exceso.

Las prendas de algodón y fibras naturales como el lino favorecen la transpiración y no suelen ser irritantes al contrario que la lana y fibras sintéticas.

Los productos cosméticos destinados a la infancia tienen que someterse a controles estrictos de toxicidad (poder irritativo, sensibilizante) además de tener una seguridad microbiológica, estabilidad, inocuidad y ser agradable al uso. Básicamente son tres los productos que se utilizan: los de limpieza, los hidratantes y los fotoprotectores.

La piel debe mantenerse limpia mediante un baño completo diario a una temperatura de 35-37º C con jabones de pH neutro o syndets en pastilla, geles, líquidos etc., teniendo en cuenta que todos los agentes de limpieza por suaves que sean reducen los lípidos de superficie y pueden originar una dermatitis de contacto irritativa que será más frecuente cuanto más alcalino sea el pH y mayor el poder detergente del producto y más si a ello se le une un exceso de celo en la limpieza.

Si la piel está muy seca como sucede en los niños atópicos, es conveniente añadir aceites o emolientes como la avena al agua del baño y disminuir su frecuencia. Los champús para niños bajo ningún concepto deben irritar las mucosas especialmente la ocular por lo que deben someterse a tests de irritación.

Ocasionalmente pueden añadirse a los champús productos con fines terapéuticos como el ácido salicílico, la piroctonaolamina, etc., más destinados a adolescentes que a niños, pues es más frecuente la dermatitis seborréica en esa edad.

La piel seca es muy frecuente en los niños y obedece a causas endógenas como ocurre en la dermatitis atópica o exógenas por la sequedad ambiental agravada por las calefacciones que unida a una baja humedad en climas secos y en invierno influyen en la deshidratación de la piel.

Para hidratar la piel y disminuir la pérdida transepidérmica de agua usamos cremas emolientes formuladas en excipientes grasos oclusivos y cremas humectantes que captan el agua epidérmica y del medio ambiente entre los más usados la urea, la glicerina y el ácido láctico.

La hidratación deberá ser más rigurosa si el niño es atópico o sufre alguna patología asociada como la ictiosis. Los productos hidratantes se deben aplicar inmediatamente tras el baño con la piel ligeramente húmeda ya que es el momento en que ésta es más permeable.

La exposición al sol en el bebé debe evitarse pues debido al menor grosor de la capa córnea y la menor actividad melanocítica, el riesgo de quemadura es alto.

Antes de los seis meses de edad se aconsejan fotoprotectores físicos al igual que en los atópicos por las posibles implicaciones toxicológicas o sensibilizantes de los filtros químicos, sin olvidar el papel protector de las prendas de vestir como la gorra y la camiseta.

Hay que crear hábitos de fotoprotección en los niños y no solo en temporada estival ya que durante esta época de la vida se recibe una cantidad importante de radiación ultravioleta que por su efecto acumulativo conllevará al posterior desarrollo de cáncer cutáneo.

Emplear de forma habitual un protector solar de factor mínimo 15 durante los primeros 18 años de vida reduce el riesgo de desarrollar un cáncer cutáneo no melanoma en un 78%. Por lo tanto hay que insistir en las medidas generales de protección: evitar el sol al mediodía,  no programar actividades al aire libre a estas horas, usar ropa adecuada y por supuesto fotoprotectores.

Dr. Juan Bonillo Bernet